Paco de Lucía (Algeciras, 1947) sueña con la tranquilidad, la que vive
cuando se retira al paraíso mexicano que le ha acogido los últimos años
y que en los últimos días ha roto un malvado huracán; habla pausado,
ahorrando las energías y guardando el nervio que luego tiene que
invertir para «llevar adelante un concierto»; y dice las cosas claras,
como las siente, Paco sólo rinde cuentas ante su espejo: «Me miro y sé
lo que soy, lo tengo muy claro». Anoche demostró una vez más quién es,
aunque para ello tenga que cargar para siempre con la cruz de la
responsabilidad, «de ser quien soy y estar donde estoy: un honor».
-Nadie puede obviar su nombre cuando se habla del flamenco, su historia y su evolución, pero ¿qué opina usted de su aportación?
-Para
mí es una satisfacción haber hecho lo que me gustaba en la vida, que es
tocar la guitarra y tocar flamenco y, además, haber aportado algo a la
tradición de nuestra música y de nuestra cultura. Para mí, el éxito no
es haber sido famoso, conocido o ganar dinero; el éxito básico y
principal es haber aportado, haber dejado constancia de mi paso por
aquí.
-Ahora es alabado por donde pasa, pero ¿ha encontrado muchas trabas?
-Bueno,
yo no puedo quejarme, en mi vida me ha ido muy bien. Mi vida personal y
mi vida artística han sido un éxito, y quejarse estaría muy feo por mi
parte.
-¿En algún momento le ha pesado tanta responsabilidad?
-Sí
-responde raudo y contundente, como sí estuviera deseando soltarlo-.
Siempre me pesa. Ésa es la cruz que yo tengo que cargar. La
responsabilidad, el tener que estar siempre brillante, siempre a la
altura, porque cada vez me lo pongo más difícil y, cuando tengo que dar
la cara, eso tiene que estar brillante, y limpio, y bien expresado, y
bien tocado; y eso no es fácil. Ésa es justamente la carga que yo tengo
que soportar, de ser quien soy y estar donde estoy. La responsabilidad
de estar siempre bien.
-Porque le gustan mucho los retos.
-Sí,
siempre me gustaron; siempre fui muy osado. Y gracias a esa osadía he
conseguido cosas. Con los retos no siempre se acierta, a veces te
equivocas. Pero, si no te mojas el culo, no hay peces.
-¿Qué es la guitarra para usted?
-La
guitarra, una hija de la gran puta, eso es lo que's pa'mí -ríe a
carcajadas y se pone serio-. Me come el coco. Es un instrumento muy
difícil, de verdad. Y hay una relación ahí entre devoción y odio,
porque es mucho el esfuerzo que tiene uno que hacer para tocar
flamenco. La guitarra es un instrumento que nunca estás seguro cuando
lo tocas, siempre estás vendido. Depende de tantas cosas: del estado de
ánimo, del equilibrio emocional en ese momento... Para tocar muy bien o
como una mierda.
-Por eso le cuestan tanto las giras.
-Sí,
sí cuesta, cuesta mucho tocar. Es un instrumento muy difícil y el
flamenco es una música muy tensa, muy nerviosa, que requiere mucho
nervio y necesitas mucha, mucha energía para llevar adelante un
concierto.
-¿En quiénes ve los puntales del futuro del flamenco?
-Hay
cantidad de gente que toca bien. Ahora mismo la técnica está muy bien.
Ves a un chaval y toca bien la guitarra; y a otro, y canta bien; y
bailan bien. Técnicamente, como ha habido una escuela importante... La
generación que oyó los discos de Camarón, y los discos míos y de Manolo
Sanlúcar, ya aprendieron desde una base importante, armónica y rítmica,
melódica, imaginativa... Y hay muchísima gente que toca muy bien. Pero
lo complicado aquí está en tener identidad, personalidad y un sonido
propio. Ahí está lo más difícil.
-El flamenco ha sido maltratado en España. ¿A qué se ha debido?
-Creo
que es porque el flamenco viene del pueblo, y de un pueblo bastante
pobre y, por lo tanto, maltratado. Ya sabes cómo funciona la sociedad,
sólo a lo escolástico se le da sitio. Un guitarrista clásico, por muy
malo que fuera, en mi niñez siempre tenía mucha más categoría que uno
flamenco, por muy bien que tocara. Así funciona esto. Pero la música
autóctona de cada país siempre es maltratada. Como dijo un día un
vecino mío: «Pero ése como va a tocar bien, si ese yo lo conozco de
chico y mi madre le ha quitao de hambre». Ahí está definido cómo somos.
-¿Cree que ya ha colocado el flamenco en su sitio?
-Hombre,
yo he luchado mucho por eso. He dado ya mil vueltas al mundo para
reivindicar eso; una música que quiero mucho desde chico porque mi
padre era guitarrista y sufrió mucho para poder darnos de comer con la
guitarra... Yo sé lo mal que lo pasaba; lo mal que lo trataban los
señoritos en las fiestas; lo que le costaba cobrar esos veinte duros
por estar toda la noche tocando para traer para el desayuno... Y yo he
tratado de reivindicar esa música que, para mí, es una de las más
importantes del mundo.
-Ésta es la segunda vez que va a subirse al tablao del Cante de las Minas, ¿Es una actuación más?
-No,
qué va. El Festival de La Unión es muy importante, tiene solera y una
trayectoria importante. Yo vine la primera vez muy jovencito, y ya el
festival tenía mucho prestigio. Y cada vez tiene más. Me parece muy
importante estar aquí, porque hay cantidad de aficionados y la gente
que lo organiza cuida nuestra música. No es un empresario cualquiera
que quiere llenar un local para ganar dinero. Aquí hay algo más que eso.
-Como renovador del flamenco, ¿qué le parece el flamenco fusión?
-La
fusión es algo en lo que no creo. Creo en la fusión de los músicos. Eso
beneficia a ambas partes, te puede aportar cosas para engrandecer el
flamenco... Pero como música... De pronto hay aciertos, no estoy en contra de nada.
-No parecen gustarle mucho los premios y homenajes...
-Sí, realmente a mí no me gustan. Me da mucha vergüenza eso de que me echen flores...
-Y el Príncipe de Asturias de las Artes, ¿le motiva o le da la sensación de tenerlo todo hecho?
-No,
tenerlo todo hecho no. Eso no tiene nada que ver. Yo me miro al espejo
y sé lo que soy. A mí ningún premio me puede distorsionar la idea de lo
que soy, porque lo tengo claro. Pero creo que es importante para la
música que represento. De alguna manera, es aquella reivindicación de
la que hablaba, que la gente importante del país de pronto reconoce que
el flamenco es una
música a tener en cuenta. Eso es suficiente para ir a recoger ese premio y a donde hubiera que ir.
Paco
de Lucía agranda día a día su leyenda. Ayer, en La Unión, puso punto
final al Festival del Cante de las Minas, y antes dejó la impronta de
su sabiduría y su genio en esta entrevista
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