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Ángeles de Cádiz en la playa Imprimir E-Mail
Por tierras gaditanas no es un gran descubrimiento, pero a buen seguro que más de un turista anoche se sintió como el mismo Colón al percatarse de que en Cádiz, la palabra gratuito es sinónimo de barullo, tela de gente o masiva afluencia. Y eso es lo que se pudo ver a partir de las nueve de la tarde en el módulo uno de la Playa Victoria, una enorme afluencia de público que no se quería perder la oportunidad de ver en acción a los ángeles de Cádiz, es decir, a la Niña Pastori, Malú y Merche.

Sobre el escenario no repartieron mamporros, pero sí buena música que gustó, y mucho, al siempre exigente público gaditano. Exigente porque sabe de música y porque cualquier artista no hubiera conseguido que los miles de personas (la Policía Local se aventuró a decir que había unas ochenta mil personas en la arena) que se dieron cita en la playa se olvidaran durante tres horas del frío que traía el viento de poniente. Abría el primer Festival Cádiz Latino una niña de la casa, tan de la casa que lo mismo te topas con ella tomando unas tortillitas en la Venta de Vargas que haciendo la compra en el hiper.

Pasando del estómago al oído, que es lo que manda en esto de la música, La Niña Pastori subía a un inmenso escenario cegado por láser a las diez y cuarto. Y lo hizo mientras una riada humana inundaba las calles colindantes al Paseo Marítimo. Niña Pastori aparecía respaldada por el toque flamenco de la quitarra, el cajón y el acompañamiento de Toñi y Anabel, que entonaban al son de las palmas aquello de "romero santo, santo romero, que salga lo malo y entre lo bueno". La Niña a su vez salía con un despliegue sencillo y natural para dejar todo el protagonimso a su voz honda y limpia y a sus letras cálidas llenas de imágenes. Con el tema de La Tata, la isleña rindió un homenaje íntimo y personal al compás de la guitarra flamenca. "Vengo de sangre caliente, donde nace el sol, aunque parezca mentira tengo duro el corazón": con las primeras letras de Imposible María se levantaba y soltaba toda su garra flamenca.

Entre tema y tema, el público aprovechaba para refrescarse la garganta antes de que llegara el tema estrella Cai. "Cai se bebe el sol, Cai es la brisa marinera", cantaba la niña mientras los vellos del orgullo gaditano se elevaban hacia el cielo amarillo. Con Amor de San Juan, la isleña confirmaba su llegada cargada de sentimiento y nostagia por una ciudad que hacía tiempo que no pisaba. La música seguía sonando, tirititraun, llegaba el canta por bulerías y las palmas del público tocaban al unísono. El cante se volvía festivo y el público se animaba.

La Niña se despedía pero no podía dejar al público con la miel enlos labios. Así que volvió con Quién te va a querer, con el que cerró su participación a las once.

Tras la de la Isla, llegaba "una mujer latina con casta y con garra" según anunció el presentador, que dio su particular versión. Esa era Malú que a las 11 y cuarto salía rompiendo con fuerza entre guitarras eléctricas y flases luminosos. Con el primer tema, la música se volvía más movida y discotequera para `pasar luego al tema Enamorada, con la que hacía gala de su excelente voz y de la pasión que derrocha a la hora de interpretar baladas. Antes de su tercera canción, Manlú afirmaba visiblemente emocionada "es un placer estar aquí". Cambiando de registro se rodeaba de sonidos pop y dejaba claro su polivalencia sobre el esecneario. Otra canción, dedicaca a las mujeres, Por una vez, en el tema en el que el desencanto y el orgullo propio sirvieron para que se desgañitara ante el público gaditano. Luego, Malú interpretó Tú me dices adió y tellevas mi mida, que lventaba miles de manos que se fundían en un abrazo musical y ambiental.

Malú salió para volver descalza de ies y de corazón "con pasión sin límte" para interprestar su tema Dile. Mal'ñu vuelva la mirada ocho años atrás para recuperar para el respetable que aguantaba estoicamente el fío el tema Aprendiz., quue la catapultó en sus comienzos a la fama.

Sentada en los escalones del escenario hizo con Duele derramar más de una lágrima al púiblico joven, según se podía observar en las grandes pantallas situadas a ambos lados del escenario. Malú prseguigía su derroche de genio y fuerza con Toda, muy coreada por el público, ;antes de ionres, pasada la medianoche, no quisod dejar de hacer "algo de muy poca vergüenza, una copla de mucho saqbor gaditano "A tuver, que grabó ara el disco Tatuaje. Se despidió con el grito Arriba Cádiz

El flamenquito sureño de La Niña daba paso a la fuerza y la pasión de la voz de Malú. Que en sus temas habló de amor y de otros sentimientos con mucho corazón. Malú se desprende a grito pelao de la aureola que en sus comienzos le persiguió como sobrina de Paco de Lucía.

De la pasión de Malú a la autenticidad de la guapa gaditana Merche. Que llegó presentando los temas pertenecientes a su segundo disco. La lió sin pedir amor. Lo más gaditano, llegó con Distancia, un tango flamenco cien por cien pop, pero arraigado en el carnaval donde se crió la artista.

200.000 watios de luz y sonido, un escenario de 12 metros, y disfrutar de la música de tres artistas como La Niña Pastori, Malú o Merche sobre la arena de la playa eran no sólo una excusa perfecta, sino un festival de razones para que miles de gaditanos se movilizaran ayer hasta el módulo uno de la playa Victoria. Allí las pruebas de sonido a buen seguro que despertaron a más de un vecino cerca del mediodía. Anteriormente, un amplio dispositivo se esmeró para crear un escenario amplio, luminoso y muy espectacular. En sus alrededores los curiosos-adolescentes en su mayoría-no dejaron de husmear para intentar divisar a alguna de las artistas que a partir de las 10 darían el pistoletazo de salida al Primer Festival Cádiz Latino. Algunos se turnaban, entre baño y baño y entre tumbada y tumbada en la arena para coger un buen sitio. Un dispositivo especial permitía que una inmensa nube humana deambulara por los alrededores del escenario. Y antes del show, ¿por qué no tomarse algo en un bar cercano?. Era lo suyo, como decimos por aquí. Dicho y hecho, los locales colindantes se veían desbordados de público ávido de bebida, de comida y de música.


 
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