Fue exactamente a las 17:40 horas de un caluroso
primero de julio de 1965, cuando los Beatles, procedentes de Niza,
pisaban por primera vez el suelo de una España en blanco y negro, a la
que "los revolucionarios del flequillo" llegaban acompañados por sus
fieles managers, Mal Evans y Neil Aspinall, y su chófer particular.
Idolatrados, pero distantes
Aparecieron
vestidos de sport. John Lennon con un pantalón de pata de gallo y gorro
a juego, Ringo Starr de blanco, Paul McCartney con chaqueta de ante
oscura y George Harrison ocultaba su cara tras unas gafas de sol, tal y
como recogieron la cámaras de NO-DO y recuerda el libro "The Beatles.
Una filmografía musical", de Crusells e Iranzo.
Cientos de fans, que habían ido andando hasta el aeropuerto de Barajas
según las crónicas de la época, les recibieron entre gritos y pancartas
con eso de "Beatles, yeah, yeah" o "We love you", pero se fueron un
tanto defraudados porque "los melenudos" no les hicieron mucho caso.
Ya conocían España
En el
control de pasaportes se vivieron escenas muy poco habituales entonces,
como la de decenas de fotógrafos encaramados a los lugares más diversos
para sacar la mejor instantánea del grupo, que se paseó en cadillac
negro por una España en la que los más franquistas les veían como
reflejo de una Europa en decadencia y en la que, por otro lado, grupos
como Los Mustang o Los Pasos los versionaban.
Un mes después de que se editaran en España los singles "Twist and
shout", "She loves you" y "Roll over Beethoven", los Beatles se
alojaron en el madrileño Hotel Fénix. No era la primera vez que
visitaban España, ya que McCartney, Harrison y Starr habían pasado unas
vacaciones en las islas Canarias entre el 28 de abril y el 9 de mayo de
1963, mientras que Lennon visitaba Barcelona.
Por aquel entonces, Elisa Estrada era la secretaria en España de su
club de fans, que organizaba todos los domingos fiestas en su honor en
el local barcelonés "Suki-Yaki".
Su pelo, protagonista
Pero
volviendo al Hotel Fenix, el cuarteto ocupó las habitaciones 122, 123 y
124, comunicadas por un salón. Fue a las ocho y media de la tarde
cuando se celebró la rueda de prensa, a la que podían asistir como
mucho dos periodistas por medio.
Allí respondieron a preguntas como: ¿Tienen ustedes asegurado el
cabello?; a lo que Harrison respondió: "No. Y ésta es la primera vez
que me preguntan algo así". También habló de toros y al contrario que
sus compañeros, que rechazaban la fiesta nacional, él señaló: "aunque
creo que es cruel, sin embargo, pienso que todo consiste en poder
aguantar ver morir, después de esto creo que uno podría olvidarse del
pobre animal y ver la lidia como un bonito deporte".
Durante ese encuentro con la prensa, McCartney apuntó la posibilidad de
que volvieran a España en 1966 para rodar una película, junto a "El
Cordobés", pero no lo hicieron.
Poco público y mal sonido
En
cuanto a los conciertos, tuvieron como teloneros a Los Pekenikes,
Torrebruno, Juan Cano, Los Rustiks, Beat Chicks y Modern Four en Madrid
y a los Sirex en Barcelona.
Ambos comenzaron con el "Twist and shout", pero a pesar del interés que
despertaron sus visitas, los fans que asistieron, recuerdan la falta de
público -en la España franquista no estaban bien vistas las
aglomeraciones- y el mal sonido de los dos recitales, organizados por
Francisco Bermúdez, representante también de Raphael.
Según recuerda este mes la revista Rolling Stones, a los conciertos de
los Beatles acudieron desde Miguel Ríos a Ava Gadner, pasando por Rosa
Montero o Joan Gaspart, que le cambió los pantalones a Lennon.
Poco más de media hora
Costaron
entre 75 y 450 pesetas -ellos ganaron cerca del millón y medio- y
duraron tan sólo 35 minutos, durante los que dieron repaso a doce
canciones, como "She's a woman", "Can't buy me love", "I feel fine" y
"Hard days night" cuatro de ellas versiones.
A Barcelona llegaron el 3 de julio montera en mano y en plena etapa del
Tour de Francia. Se alojaron en el Hotel Avenida Palace, ocupando las
habitaciones 109 y 111, y fue en la Monumental donde terminaron su gira
europea.
Las crónicas del día siguiente resaltaban el orden público porque la
juventud de una época, en la que Manuel Fraga era Ministro de
Información y Turismo, "se tomó las cosas con mayor filosofía que la de
otras latitudes".
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