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Adiós a un gran director italiano Imprimir E-Mail
Tenía 91 años. Representante del neorrealismo, se destacó en la comedia y la sátira costumbrista.

En su casa de las afueras de Roma, murió ayer de madrugada el cineasta italiano Alberto Lattuada. Nacido en Milán en 1914, al hijo del músico y compositor Felice Lattuada prácticamente ninguno de los lenguajes artísticos le era ajeno. Su formación inicial tuvo que ver con la literatura y la arquitectura, pero también se dedicó a la fotografía antes de ingresar a la dirección cinematográfica con su opera prima Giacomo, el idealista, en 1943.

Participó en los inicios de lo que luego sería la Cinemateca Italiana de Milán y fundó Corrente, un periódico dedicado a difundir el pensamiento antifascista en la cultura italiana. Pero su talento de cineasta se consagró en 1946, cuando con el filme El bandido propuso una personal lectura de las películas americanas de gángsters y se ubicó en el grupo de los neorrealistas italianos. Sin embargo, está valorado como uno de los creadores más eclécticos del cine peninsular, que incursionó con solvencia también en la comedia satírica, la temática erótica y el realismo costumbrista.

Después de El molino del Po (1949), dirigió Anna, con Silvana Mangano y codirigió junto con Federico Fellini Luces de varieté, ambas en 1951. Le siguieron La lupa (1953) y Güendolina (1956).

Considerado un valioso director de actores, fue el responsable del descubrimiento y lanzamiento de estrellas como Silvana Mangano o Martine Carol, la francesa protagonista de La playa, uno de sus filmes más exitosos. También dirigió al cómico Alberto Sordi en filmes como Venecia, la luna y tú o El poder de la mafia. Su última película, Una espina en el corazón.

Sus funerales serán mañana en la Iglesia de los Artistas, en la Plaza del Popolo, en Roma.

 
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