Llega hoy a las pantallas españolas, precedida de una abundante
promoción no siempre artística, la película «Sr. y Sra. Smith», que
probablemente sólo pasará a la posteridad por ser el filme en el que se
conocieron Angelina Jolie y Brad Pitt
No cabe duda de que una película que incluya en su
reparto a Angelina Jolie y a Brad Pitt, dos de las principales
luminarias del «star system» de Hollywood, ya supone un reclamo para el
público y un previsible aumento en la taquilla. Los productores de «Sr.
y Sra. Smith» se han encontrado además con un «romance a escondidas»
entre los dos protagonistas, y el morbo ha crecido. Angelina Jolie,
recién cumplidos los treinta años, poco parece ya tener que ver con la
mujer rebelde y salvaje que irrumpiera en Hollywood hace unos años. Sus
hijos, adoptados, y la labor humanitaria que desarrolla a través de
Naciones Unidas parecen haber centrado a la hija del actor John Voight.
Entre sus próximos proyectos, compartirá con Matt Damon protagonismo en
la segunda película de Robert de Niro, «The Good Shepherd», un filme
histórico y de espionaje. Además, será la Reina del Mal en la
adaptación que Robert Zemeckis hará del poema épico medieval «Beowulf»,
donde tendrá entre otros compañeros a Anthony Hopckins y Robin Wright
Penn. En «Sr. y Sra. Smith» interpreta a una mujer, aparentemente una
apacible ama de casa, que esconde una agitada doble vida. —¿Cómo
describiría la película?
—Espero que la gente
sepa deducir que el mensaje de la película es una celebración del
matrimonio y las relaciones, de cómo pueden funcionar a pesar de los
problemas. La película es una metáfora, bastante loca por cierto, de la
relaciones. Creo que los protagonistas tienen que aprender a ser un
equipo. Lo importante es no tomarse la violencia en serio. Es sólo una
excusa para que esta pareja se enfrente a sus problemas.
—¿Cómo mantiene vivo el matrimonio?
—Creo que está preguntando a la persona menos adecuada para hablar de eso.
—¿Estaría interesada en hacer una secuela de «Sr. y Sra. Smith»?
—En este momento no sabría decirle. Tendría que leer el guión y ver si me gusta.
—¿A dónde cree que nos llevaría la historia?
—A que la pareja es feliz y tiene un montón de críos. Creo que eso sería un gran reto.
—Hablando de familias. ¿Qué tal se le da cocinar?
—No muy bien, la verdad. Estoy en ello. Estoy aprendiendo poco a poco.
—¿Con qué recetas ha empezado a practicar?
—Recetas... internacionales. Dejémoslo ahí. (risas)
—¿Cómo cree que puede funcionar la película en Europa?
—Lo
de predecir resultados en taquilla es muy difícil. Nunca se puede estar
seguro de si una película va a funcionar o no. Yo vivo la mayoría del
tiempo en Londres y creo que los europeos podrán saber valorar la
película en su justa medida.
—¿Cómo ha cambiado su vida desde que colabora con las Naciones Unidas?
—Ha
cambiado radicalmente. Viviendo en la sociedad occidental no te das
cuenta de cómo vive la gran mayoría de la gente en los países menos
afortunados. Creo que he mejorado enormemente como persona.
—Esta película ha creado mucha expectación por motivos extra-artísticos.
—Es ridícula la expectación que ha creado.
—¿Se siente cómoda haciendo comedia?
—No me siento muy incómoda, pero todo el equipo se preocupó de hacerme sentir bien cuando me tocaba rodar las escenas cómicas.
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