Éxtasis colectivo, melopeas de impresión, ojos desencajados, lipotimias
indomables y para qué seguir. Todo al ritmo del pop amable y chistoso de
los Hombres G y de El Canto del Loco, capaces (ver para creer) de llenar
todo un coliseo como el Vicente Calderón. El éxito fue
innegable. Salieron los Hombres G y David Summers gritó, tan racial,
aquello de «¡esta noche lo vamos a pasar de puta madre!». Y la marabunta
rugió como si le debieran mucho dinero. Tocaron «Voy a pasármelo bien» y
el estadio vibró como hace años no se escuchaba, lo cual, bien mirado,
tampoco es difícil, visto el fútbol que se ve por aquí en los últimos
años. El nivel del «aplausómetro» se despendoló cuando salió a escena Dani
Martín a cantar «Amigos». Entonces se asisitió al espectáculo de las
bragas voladoras, casi todas aterrizando en el escenario, qué
desagradable. Unas eran de lencería fina, otras más groseras, pero tanto
da. Subió luego el Canto del Loco al completo, y para qué las
prisas. Los operarios de la Cruz Roja sudaban lo que no está en los
escritos para desalojar a tanto desmayado. Dice Dani Martín que los
miembros de su banda son tipos conectados a la actualidad, y pareció
querer demostrarlo al gritar: «¡Qué le den por culo a las Olimpiadas!».
Ahí quedó su resumen de la actualidad. Regresaron Hombres
G en plan tierno y entregaron «Te quiero», «¿Qué soy yo para tí?» y
«Temblando». Casi nada para la sensible muchachada. Los más bestias
pasaron del mechero y, directamente, encendieron vengalas. La noche
prosiguió salvaje, mientras iban cayendo las alegres canciones de unos y
otros hasta llegar a unos bises finales de morirse, con temas como «No te
escaparás», «Visite nuestro bar», «Marta tiene un marcapasos» o «Sufre
mamón». Fue la apoteosis adolescente, una noche delirante, cantarina y
pasmosa. Esperemos que lo que se edite en DVD esté a la altura de lo
presenciado en directo. No será fácil, pero ahí queda el reto.
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