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El Cigala regresa en solitario Imprimir E-Mail
Convencido de que el éxito arrollador de «Lágrimas negras» se debe a su voz, Dieguito -como también se le conoce artísticamente- ha abordado un nuevo disco que presentará en septiembre y con el que asegura haber realizado su sueño. Flamenco, mucho flamenco acompañado de acordes de guitarra tan sublimes como los de Paco de Lucía, Tomatito o Raimundo Amador

Con el éxito de «Lágrimas Negras» aún fresco y unas ganas tremendas de volver con fuerza a su raíz flamenca, de la que confiesa que nunca se apartó, Diego El Cigala ha detenido su mirada en Pablo Picasso para regresar en solitario al panorama musical. «Los grandes cantautores de flamenco han cantado a grandes poetas, pero nadie había cantado a la pintura. Por eso decidí dedicar mi disco al que considero el mayor genio del siglo XX». Con estas palabras explica el cantaor el origen de «Picasso en mis ojos», trabajo que gestó tras el desgarrador triunfo que sembró su voz, cañí y hermosamente rasgada, junto al piano insondable del cubano Bebo Valdés. «Picasso era flamenco -continúa-, malagueño y amigo de figuras como Manuel de Falla o Rafael Alberti (cuya paloma vuelve a equivocarse en uno de los temas de este nuevo álbum), pintaba guitarras, tauromaquia... Incluso era mujeriego y se iba de fiesta, como nosotros. Era un vampiro». En un complejo proceso mimético, El Cigala trata de explicar cómo el flamenco se moldea en su voz del mismo modo que el genio malagueño moldeaba su imaginación sobre el lienzo. «Cubismo se llamó en pintura, versatilidad en el cante, porque yo -asegura- me enfrento igual a la guitarra que al piano, y toco los palos que hagan falta».

Grabado en el estudio particular que el cantaor tiene en su casa, el disco «tiene un poquito de todo, hasta una rumba cubana, porque el público de «Lágrimas negras» se lo merecía. Ha sido muy importante para mí -prosigue-, porque he hecho el disco de mis sueños. Ha sido todo realizado por amor a la música, he querido contar con las mejores guitarras del momento (Paco de Lucía, Tomatito, Raimundo Amador, Josemi Carmona...) para que el público de «Lágrimas negras» conozca un poco el corazón de Diego El Cigala».

Este flamenco madrileño aparta la palabra vértigo de un manotazo cuando se le pregunta por la dificultad de volver a rozar el cielo del éxito como ocurrió junto a Bebo Valdés. «¿Vértigo? Para nada, porque el éxito de «Lágrimas negras» lo tengo yo, total y sinceramente. La clave del éxito es que no he dejado de ser flamenco nunca. Bebo no ha dejado de ser ese cubano de 87 años y pianista excelente con un espíritu increíble, y yo no he dejado de ser nunca gitano y flamenco. Lo gracioso es que yo cantaba un bolero, «La bien pagá», que si cantara Antonio Machín, por ejemplo, no tendría el mismo resultado». Pero yo quiero que se me reconozca por lo que soy -continúa- un cantaor».

Dispuesto a grabar una segunda parte del disco que le ha catapultado al éxito internacional, asegura que «todo se andará, y si no es con Bebo, será con otros pianistas». Sí tiene clara, sin embargo, su pretensión de grabar algún día un álbum con Chavela Vargas, con la que «rompió» el escenario el año pasado en Colombia. «Fue terrible, se cayó el escenario», afirma El Cigala en sentido metafórico. «La han hecho chamán porque es un brujo, un genio, y hemos hablado alguna vez de grabar algo juntos, si Dios nos da salud a ambos».

Camarón, genio irrepetible

Otro de los grandes que ha marcado la trayectoria del artista ha sido, sin duda, Camarón de la Isla, con el que se le ha comparado en más de una ocasión. «Es irrepetible, el mejor de su época, de ésta y de las venideras. Es como el Elvis del flamenco, de los genios que ya no tendremos nunca más. Para mí ha sido una fuente inagotable de sabiduría».

Con el gran maestro, El Cigala aprendió a madurar su cante, aireado con personales pinceladas que lo hacen accesible más allá de los seguidores acérrimos del flamenco puro. «Es bueno que el flamenco se revista de nuevos aires, pero no demasiado, porque es tan fantástico que no necesita nada, está lleno por sí mismo. Dios le echó polvitos mágicos y resultó algo divino».

Es evidente que Diego, Dieguito, El Cigala, encuentra en el quejío profundo del cante su realización como artista y persona. «Alegrar el corazón de la gente con mi música -finaliza- es la mejor recompensa que puede recibir mi trabajo».

 
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