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'El Cigala' vuelve al flamenco tras el éxito de 'Lagrimas negras' junto a Bebo Valdés. 'Picasso en los ojos',
homenaje al pintor malagueño, se publica el 13 de septiembre y en él
aparecen músicos como Paco de Lucía, Tomatito, Jerry González o Javier
Krahe.
Puede sonar y, de hecho, suena cursi, pero hay que decirlo:
después de llorar Lágrimas negras, Diego El Cigala se ha quedado con
Picasso en los ojos. Antes fue el bolero de tragedia negra, con
las negras manos de Bebo Valdés tocando un piano igualmente negro.Ahora
son los colorines de tangos, bulerías, fandangos y alegrías, que evocan
al pintor malagueño en esta vuelta al flamenco del cantaor. El Cigala ya no es Dieguito,
sino todo un señor que ha conquistado medio mundo en dos años y medio
de viaje con Lágrimas negras. Habla bonito y despacio, aunque se le
escapa que lleva falta de sueño, «por estar enganchao hasta las cinco
de la mañana al nuevo juego de Fernando Alonso en la play». Otra de sus
grandes pasiones, por cierto. Arranca este disco con 'Chanelando',
donde el cantante gitano habla de la forma de «pintar por tangos» de
Pablo Ruiz. Así que, ¿Picasso era flamenco? «Era flamenco por sus
maneras, por la gente con la que se juntaba, por cómo vivía... Pintaba guitarras y tauromaquias,
le hacía los decorados a Manuel de Falla, se iba luego con Alberti. Era
mujeriego, trasnochador y, además, ¿quién puede pintar una cabra con
tres cabezas que pueda gustarte?». Justificada la relación entre el pintor y el espíritu flamenco,
El Cigala explica que «los grandes cantaores han cantado a grandes
poetas, pero, hasta ahora, nadie le había cantado a un gran pintor». Y luego está «ese pedazo de elenco»
de músicos y escritores que ha reunido El Cigala. Todos ellos pasaron
por su casa/estudio. Un día, Tomatito y Josemi Carmona, otro Paco de
Lucía, unas horas más tarde, Raimundo Amador y Jerry González, Paquete
(La barbería del sur), Manuel Parrilla y un equipo de letristas en el
que aparecen Javier Ruibal, Carlos Chaouen, Javier Krahe, Juan Antonio
Salazar y el propio Rafael Alberti, a través de una versión fandanguera
de su poema La paloma. El cantaor cuenta que «cada día era una
historia distinta», que cantaba «en bata de estar por casa, con la
mancha de tomate y todo», que mientras se metían las palmas y los coros él se echaba unas partiditas y que todo eso acabó por plasmarse en la grabación del disco. Y es que había ya «mono de flamenco»
tras la aventura con Lágrimas negras. Un disco que a pesar de su éxito
comercial (más de 700.000 copias vendidas) no le ha hecho cambiar su
punto de vista respecto a la música. «Lo tengo claro. Si tengo que
elegir entre lo comercial o lo independiente, tiro por lo
independiente. No puedo sacrificar la música por temas mercantiles».
Entonces, ¿qué significan tantos miles de discos vendidos? «Sirven para
decirle a la gente que la rumba, la copla, el bolero, vienen de lo
mismo. Y también para educarla, para que entre poco a poco en el mundo
del flamenco». Por eso ha querido que este álbum «no sea muy evidente,
que el público tenga que poner el oído». El padre del cubismo y del
arte moderno en general le inspiró en este sentido. «Lo mismo que
Picasso pintaba lo que le daba la gana, yo he querido cantar cómo El
Cigala ve a Picasso con sus ojos». Hay ya quien atisba en la sonrisa macarra
y en las greñas ensortijadas de Diego El Cigala un nuevo ocupante del
trono que dejó vacío Camarón de la Isla. ¡Sacrilegio!, parece decir el
madrileño cuando corta así: «El era el mejor de todos. De aquella
época, de esta y de la que vendrá. Asín de claro. Lo llevo a
gala y me lo tomo como halago, pero hay que saber quién es quién. Así
que cuando alguien empieza con este cuento le digo: 'Perdona. Primero
vamos a dejar las cosas claras y luego dispara'».
'Mamando' de grandes maestros Diego Jiménez Salazar
(Madrid, 1968) flipa cuando habla de que va a aprender a tocar el
piano. «Y si le dices a alguien que quien te va a enseñar es Bebo
Valdés, también flipa». No es su primer gran maestro. Ya desde crío
empezó a mamar el arte de un grande como Rafael Farina, su tío. Luego llegaron concursos en la tele, el bautismo con Camarón, primeras grabaciones con 18 chulos
(el sello del Gran Wyoming y Santiago Segura), el disco en directo en
el Teatro Real de Madrid, la amistad con Fernando Trueba, el éxito de
Lágrimas negras, las juergas con Alicia Keys...
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