La cantante afroamericana Denyce Graves
será la "Carmen" de Bizet sobre la arena de la Plaza de las Ventas
del martes al sábado próximo, un escenario "perfecto" para dar vida
a un personaje que ha llevado por escenarios de todo el mundo desde
su debut hace una década y que, afirma, "me ha moldeado como una
escultura".
La mezzosoprano estadounidense vuelve a Madrid después de su
debut en el Teatro Real en 2002, con un montaje de la misma ópera
que dirigió Emilio Sagi, y que se suma a la larga lista de
producciones que ha protagonizado, ya sea a las órdenes de Adolfo
Marsillach, Nuria Espert o José Luis Gómez, y acompañada de figuras
como Plácido Domingo.
Está considerada una de las grandes estrellas del Metropolitan de
Nueva York, desde su debut en la temporada 1995/1996 con este mismo
papel, que según explica en una entrevista con Efe, "me ha ayudado a
ser más fuerte, me ha influenciado mucho, y me ha hecho la vida más
feliz".
"Entiendo por qué es difícil para algunos artistas dejar el
escenario, porque cuando yo lo abandono después de haber
representado a Carmen, me quito el vestuario, el maquillaje, las
pestañas postizas.... pienso: ¡me gusta mucho más esa otra mujer!",
bromea en una amena conversación, bajo el tórrido sol de la Plaza de
las Ventas, donde dice que "se siente la tierra, el aroma y el
calor".
Y es que, cada vez que viene a España se empapa del carácter, del
movimiento de las mujeres, del comportamiento de los niños, de la
comida, y su último descubrimiento ha sido la "zarzuela", de la que
habla con fascinación.
"Creo realmente que este personaje me ha hecho la mujer que soy",
y sobre todo, destaca el "coraje y la naturalidad" de la cigarrera
sevillana, convertida en un icono universal, ya sea sobre los
escenarios o en el cine.
Carmen, protagonista de un triángulo amoroso ambientado en la
Sevilla del siglo XIX, "dice lo que siente, algo que a todo el mundo
le gustaría hacer. Es dueña de su personalidad, de su sexualidad y
no se disculpa por ello. Es honesta", prosigue Denyce Graves,
nombrada embajadora cultural de Estados Unidos en 2003 y que ha
participado en numerosos conciertos y actos públicos en respuesta a
los atentados del 11 de Septiembre.
Después de tantas representaciones, la mezzosoprano no destila
hastío ninguno por el papel: "Cada Carmen que he hecho tiene su
propio carácter, un sabor, no puedo compararlas, porque cada una es
única, y además, yo soy una Carmen diferente, dependiendo de donde
estoy y con quien estoy".
¿Ser recordada como Carmen?, a esta pregunta responde: "sería
maravilloso ser recordada; vengo de generaciones de gente que han
sido olvidadas. Para mí, es un honor, pero sobre todo, me gustaría
que me recordaran como a un buen ser humano, que, además, canta".
Y es que nunca lee las críticas, sólo atiende a la reacción del
público y trata de hacerlo lo mejor que puede "en cada momento y en
cada circunstancia". Se siente feliz con dejar una "fuerte
impresión" en la gente después de cada actuación.
En cualquier caso, pronostica que el público, en el mismo patio
de butacas desde el que habla con su natural sensualidad, descubrirá
a una nueva "Carmen" en el espectáculo que la compañía de José Luis
Moreno levantará a partir del martes, con dirección musical de Tulio
Gagliardo y escénica de Carlos Vilán, con el tenor Mario Malagnini,
en el papel de Don José, y Gianfranco Montresor como Escamillo.
El montaje cuenta con un escenario de 20 por 17 metros, donde se
reproducirá la Sevilla de la época, con un ballet formado por 30
bailarines, un coro integrado por 60 miembros y una orquesta con 65
músicos.
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