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Rosendo vuelve a la carga con otra entrega de su
genuino rock callejero. Esta vez bajo el título de Lo Malo Es... Ni
Darse Cuenta.
Sus más de 30 años de trayectoria han proporcionado a Rosendo un
lugar de privilegio en el ámbito del rock nacional. Pero no sólo el
tiempo, también el haber sido fiel a una imagen y a un estilo le han
permitido alcanzar el éxito y conseguir un estatus de intocable
manteniendo su prestigio intacto.
Con su nuevo álbum, Lo Malo Es... Ni Darse Cuenta, el de
Carabanchel, vuelve a insistir en las fórmulas habituales, aunque en
algunos temas nos esté mostrando sus planteamientos futuros, con
incursiones en los ritmos caribeños de marcadas influencias reggae,
como queda plasmado en Periférico, que cuenta con un contraste vitalista producido por la presencia de consistentes acordes guitarreros, o en Todos Los Caminos y también en Son Máquinas, está última un con ambiente rítmico donde la percusión alcanza un inusual y atractivo protagonismo.
Por supuesto, Rosendo no se olvida de inyectar su dosis de
rock callejero, defendiendo la esencia de sus orígenes, sin desviarse
de sus simples pero efectivas estructuras en unos tiempos donde buscar
el mestizaje y rizar el rizo está de moda.
Temas como Atajo De Cobayas, Duele Pensar, o A Mi No Me Duele Na, está
última con unas armonías de regustillo a AC/DC, contienen la rudeza del
hard rock en las guitarras apostando por ritmos contundentes; mientras
que Cada Día, El Acogote (particular homenaje de Rosendo a El Quijote), Darse Cuenta y Salir De La Maleza,
portan la sencillez por bandera, pero con los suficientes ingredientes
como para plasmar la denominación de origen: Rock cultivado en la mente
de Rosendo, con la presencia de sus mejores ingredientes.
Por supuesto, las letras mantienen el consabido trasfondo social, un compromiso que Rosendo nunca ha abandonado y que le ha hecho acreedor de un merecido respecto por parte de sus fieles seguidores.
Letras envueltas en un mensaje subliminal que dejan espacio para
distintas interpretaciones, aparentemente sencillas, pero con segundas
lecturas para que el aficionado agudice su ingenio y encuentre el
mensaje o los mensajes que Rosendo quiere transmitir.
Evidentemente, quienes no hayan seguido de cerca la trayectoria del
músico madrileño no van a encontrar, a estas alturas, motivaciones para
engancharse a su personal estilo, pero los seguidores de siempre no
quedarán decepcionados porque es el mismo Rosendo, con sus habituales estructuras. Una vuelta más de tuerca donde aún queda espacio para extraer un jugoso producto.
Un asesor de imagen perdería el tiempo a su lado pero, teniendo un público tan incondicional, ¿quién necesita asesores?
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