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Sara Baras llena el Liceo de duende Imprimir E-Mail
La bailaora se estrenó en el Gran Teatro barcelonés, que revivió el espíritu de sus grandes noches con el espectáculo «Sueños»

Mucho duende y hondo sentimiento solidario anoche en el Gran Teatro del Liceo. Máxima expectación, además, por el debut de la bailaora Sara Baras en el coliseo barcelonés, una actuación rodeada de una aureola especial puesto que la recaudación del acto, organizado por la Fundación Encuentros BCN, estaba destinada a la construcción de una escuela en la región india de Anantapur y el apadrinamiento de 20 niños de la casta «dalit», a través de la Fundación Vicente Ferrer. Al final, ovación a la bailaora y la seguridad que esos niños podrán disfrutar de una escuela en la que garantizar su educación.
   Con las entradas agotadas con varios días de antelación, el Liceo se vistió de gala en una velada en la que no faltaron altos representantes de la sociedad civil catalana, desde el mundo de la economía al de la cultura. Nadie parecía querer perderse una noche que acabó con un cóctel en el Salón de los Espejos del coliseo barcelonés, donde se congregaron numerosas autoridades y se entregaron los fondos recaudados a la Fundación Vicente Ferrer. Todos coincidieron en el éxito de la velada organizada por la Fundación Encuentros BCN, que desde el pasado octubre ha realizado cuatro acciones benéficas parecidas.
   
Baile solidario. La presentación de «Sueños» envolvió de magia el teatro incluso antes de empezar el espectáculo. A las ocho de la tarde, el gran coliseo barcelonés, en pleno corazón de las Ramblas, ya era un hervidero de gente que no había dudado ni un segundo en mostrar su apoyo a la causa de la Fundación Encuentros BCN. El reclamo de la bailaora era grande, pero también poder luchar contra la pobreza. La función estaba programada para las 20.30 horas, pero la expectación era enorme y sin que sirva de precedente, pocos esperaron a llegar a última hora. Se respiraba un ambiente que recordaba a las grandes noches del Liceo. En los pasillos, se oían historias de espectadores veteranos que comparaban aquella noche con grandes galas de años atrás. La gente buscaba sus asientos con esa ilusión que sólo se relaciona con la infancia. Y cuando comenzó a sonar la música que introduce el ambiente onírico del montaje, cristalizó uno de esos silencios mágicos que ponen la piel de gallina.
   De repente, allí estaba Sara Baras, rodeada de su cuerpo de baile, del contrapunto racial de José Serrano, y de esa pequeña maravilla que se llama «Sueños», espectáculo que lleva más de mil representaciones por todo el mundo y que todavía resplandece y sorprende como el primer día. El clásico escenario del Liceo y la furia controlada de Baras se compenetraron a la perfección. La bailaora no demostró nerviosismo alguno a la hora de dominar un espacio que había confesado días antes que la intimidaba un poco. Con el flamenco como arma, poco puede frenar a esta artista. En la apasionada actuación -la bailaora ya había dicho que iba a poner todo su corazón en la velada solidaria- no hubo tiempo para pausas o interrupciones. Durante las cerca de dos horas de espectáculo la conjunción entre Baras, Serrano y el cuerpo de baile, formado por Raúl y Auxi Fernández, Cecilia Gómez, Ana González, Charo Pedraja, Raúl Prieto y María Vega fue tan dinámica como emotiva. Con un escenario con apenas envoltorio, sólo un hermoso y directo juego de luces, los nueve números de la función se fueron sucediendo con extrema agilidad. A partir de allí, el espíritu de la farruca volvió a resurgir.
   A estas alturas, Baras no necesita más elogios, pero su actuación volvió a refrendar su reputación como una de las mejores bailaoras del mundo, de la especialidad que sea. En el Liceo volvió a tirar de la historia y heredad flamencas para presentarnos sus aproximaciones a los diferentes palos de este baile de raza, que desde París a Tokio ha conquistado a todos los amantes del arte jondo. Y estaba claro que ayer la bailaora quería agradar más que nunca. Su zapateado nunca sonó tan fuerte, su elegante braceo nunca fue más tierno y expansivo y sus bulerías, alboreás y soleás nunca tan electrizantes.
   Sobre el escenario, en una semipenumbra, Baras domina y ejerce de fuerza concéntrica para un cuerpo de baile que la secunda con firmeza: se desplaza con seguridad, marca sus pasos, aunque siempre con esa espontaneidad que hace que sus movimientos, por más conocidos que sean, siempre sorprendan. Junto a ella, como soporte masculino, Serrano acompañó a la artista con bravura y demostró que Baras sabe descansar y ceder el protagonismo.
   
Sorpresa final. La gaditana, con una enorme sonrisa, se despidió de un respetable que la ovacionó con entusiasmo. Hasta cuatro veces salió la bailaora a recibir los aplausos del público. La sorpresa vino cuando la propia madre de la artista salió al escenario a improvisar unos cuantos pasos de baile junto a su hija. Fue el momento más emotivo de la noche, que sorprendió a los mismos organizadores. Al final, recepción de gala en el salón de espejos, donde Baras entregó a Jordi Ferrer, miembro de la Fundación Vicente Ferrer, un cheque por valor de 40.000 euros. Atrás quedaban para el recuerdo el ritmo contundente del baile de bastones que abre el espectáculo, ese aire torero de la artista, con arrebatos puntuales mezclados con emotivos silencios, como esa hermosa calma que antecede a la tormenta, y sobre todo la recreación moderna de un flamenco eterno, que evoca a tantos maestros que el virtuoso zapateado de la bailaora parece despertar. Música y baile contra la pobreza. «Bailar es soñar con los pies», decía el famoso poeta. Ayer, el público pudo bailar como nunca soñó.

 
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