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U2, épica de masas en el Camp Nou |
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La épica de masas en su versión más febril y, valga la redundancia,
multitudinaria, se hizo carne anteanoche en el Camp Nou de la mano de
U2, anfitriones de lujo del «stadium rock» y artífices de uno de los
conciertos más esperados y concurridos de los últimos años en
Barcelona. Ante más de 80.000 personas y espoleados por el ritmo
directo y contundente de «Vértigo», los irlandeses sacaron lustre a su
pasado, exhibieron catálogo de grandes éxitos y trataron de reivindicar
un presente que en directo gana contundencia (que no relevancia).
Con
las luces aún encendidas y The Arcade Fire retumbando en los altavoces
del estadio, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen irrumpieron en
el escenario como por sorpresa para entonar el ya célebre «Uno, dos,
tres... ¡catorce!» y provocar el delirio en las gradas. Una rotunda «I
Will Follow» tendió el primer puente hacia el pasado mientras Bono se
ajustaba el mono de faena debatiéndose entre sus dos facetas más
conocidas: la rockero mesiánico y la de rebelde del pop. A esta última
pareció apelar cuando tomó prestada la cámara de un fotógrafo para
retratar a la audiencia. «Barcelona es una ciudad muy sexy», anunció en
un ininteligible catalán.
El de la capital catalana ha sido y
será el concierto más multitudinario de la gira «Vértigo 2005», y eso
parecía agradecer Bono al reforzar el guiño cómplice de «Beautiful Day»
envolviéndose con la bandera catalana. «Gracias por venir a vernos y
por darnos una gran vida», proclamó el cantante justo antes de entonar
un «Happy Birthday» dedicado al guitarrista The Edge, que cumplía 44
años, y emocionar a un público que, mechero en mano, vibró con la
inmarchitable «I still haven't found what I'm looking for».
El
efecto de la magnífica tanda inicial, sólo deslucida por un sonido algo
deficiente para tan grandiosa superproducción, se vio de pronto
anestesiado ante la llegada de un bloque dedicado a «How to dismantle
an atomic bomb», disco con el que U2 ha intentado reencontrarse con sus
raíces eléctricas. Curiosamente, la parte musical más floja fue también
la que abrió la veda de las proclamas sociales y políticas, con
dedicatorias a quienes investigan para erradicar enfermedades como el
sida («Miracle drug»), invocaciones familiares («Sometimes you can't
make it on your own») y cantos a favor de la paz («Love and peace»).
Ésta última, con la banda desplegada en dos pequeños escenarios
situados justo en medio de la pista, sirvió para dar paso a uno de los
clásicos más celebrados de los irlandeses: un «Sunday bloody sunday»
inflamado por consignas pacifistas y brillantemente empalmada con
«Bullet the blue sky».
Sacando a flote su vertiente más
comprometida y vendándose los ojos con un cinta en la que símbolos
crisitianos y judíos daban forma a la palabra «Coexist», Bono
sorprendió a todos cuando la tierna «Miss Sarajevo» irrumpió en escena
y el cantante no se lo pensó dos veces a la hora de suplantar
vocalmente a Pavarotti, figura con la que la banda grabó la canción a
dúo.
La proyección de una versión en catalán de la Declaración
de Derechos Humanos marcó un nuevo cambio de rumbo, orientado en esta
ocasión hacia la brillante «Pride (In the name of love)». La ración de
épica majestuosa de «Where the streets have no name» y la sencilla
calidez de «One» pusieron el broche a una actuación que, en la barra
libre de los bises, echó humo gracias a «Zoo Station», «All because of
you» y, sobre todo, una «With or without you» coreada al unísono por
más de 80.000 gargantas.
Como era de esperar, tras algo más de
dos horas de actuación, el público acabó rendido a los pies de una
banda que, generosa en electricidad y contundente en su activismo,
añadió una nueva muesca en su catálogo de victorias.
Horas
antes, los británicos Keane consiguieron meterse al público en el
bolsillo con su pop edulcorado y emparentado por la vía épica con el
rock de los irlandeses. Aun así, el trío tuvo que vérselas con la
aparición en la tribuna de Ronaldinho, astro local que arrancó una de
las mayores ovaciones de la noche y que volvió a ser protagonista
-aunque de manera algo más indirecta- cuando, al final del concierto de
U2, Bono recibió una camiseta del F.C. Barcelona estampada con el
número diez. Los galácticos del rock en comunión con los galácticos del
fútbol.
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