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Un póquer de ases en Peralada Imprimir E-Mail
Gala Lírica Obras de Verdi, Puccini, Chaikovsky, Mascagni, Ponchielli y Giordano. Jaime Aragall (tenor), Juan Pons (barítono), María Guleghina (soprano). Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC). Director: Marco Armiliato. XIX Festival de Perelada. Auditorio Jardínes del Castillo de Peralada. 29-VII-2005.

Uno de los platos fuertes de esta XIX edición del Festival Internacional Castell de Perelada era, sin duda alguna, la Gala Lírica que unía por primera vez a estos tres grandes intérpretes en un programa de bastante interés. Con una mayoría de fragmentos de Verdi, la Gala Lírica se adentró también en algunos de los títulos más significativos del repertorio verista. La extraordinaria labor de Marco Armiliato, un director de gran solvencia en este repertorio de gesto amplio y elegante, supo dar toda la profundidad y la fuerza necesaria a este comprometido repertorio, manteniendo una excelente compenetración con los artistas.
   
Como en casa. Tras una soberbia obertura de «La forza del destino», muy bien resuelta por la OBC, entraron en el escenario Jaime Aragall y Juan Pons, dos artistas catalanes que se mueven en Perelada como en su casa que no dudaron en ofrecer algunas de las arias más destacadas de su extensa y deslumbrante carrera operística. Iniciaron la velada con el bello y emotivo dúo «In un coupé» que abre el último acto de «La Bohème» caldeando el ambiente de forma considerable. Para dejar paso a una de las sopranos más elogiadas en el repertorio dramático italiano, María Guleghina, quien pasó de una, un tanto pesada, aria de entrada de Mimí del mismo título, a ofrecer dos dúos verdianos de enorme interés; «Giànella notte densa» del «Otelo» con Aragall y «Donna qui sei» de «Nabucco» con Pons, uno de los fragmentos de mayor lucimiento de la soprano de Odessa. Aragall sorprendió al público con un impactante «Niun mi tema» y Pons demostró, una vez más la emotividad de su inteligente interpretación con un poderoso «Credo» de «Otelo».
   Tras el oportuno intermedio, la fresca noche ampurdanesa fue cal- deándose al ofrecerse lo mejor de los tres intérpretes: Aragall afianzando esa voz de oro cimentada en un fraseo excelente y una dicción impoluta que transmite los sentimientos como nadie, pasando de la emotiva aria «Kuda, Kuda» de Chaikovsky, el excelente dúo de «Gioconda» con Pons y como compacto final «Tu qui Santuzza» con Guleghina y la puntual colaboración de la soprano Alina Furman, en la que el tenor presentó unos agudos fulgurantes y de enorme belleza que muy pocos artistas pueden repetir en nuestros días. Joan Pons volvió a lucirse con un aria de gran fuerza dramática, «Nemico della patria», de «Andrea Chenier» de Giordano, que canta con una intención y una intensidad verdaderamente impactantes. Por su parte, María Guleghina acaparó toda la atención del público con su espectacular dúo de «Macbeth» con Juan Pons y bordando la espectacular aria «Nel di della vittoria» del mismo título, siempre presentando una línea canora homogénea, unos graves extraordinarios y una emisión del agudo de extraordinaria fuerza e intención. El intermezzo de Cavalleria Rusticana volvió a permitir el lucimiento de la OBC y la cuidada dirección de Marco Armiliato, sin duda alguna el cuarto as de este magnífico reparto que hizo posible una de las Galas operísticas más aplaudidas e intensas de los últimos años. Una propina de cada uno de los artistas fue suficiente para cerrar con brillantez la velada; una emotiva canción menorquina a cargo de Pons, la romanza «No puede ser» de Sorozábal por Aragall, cantada con gran espectacularidad, y el aria «Pace, Pace mio dio» de «La forza del destino», en la que María Guleghina fue aclamada por su enorme intensidad dramática.

 
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