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Una noche de Lídia Pujol Imprimir E-Mail
Magia y sensibilidad durante el concierto que la intérprete catalana ofreció el sábado en Santa Catalina, dentro del ciclo 'Mujeres del mundo'

Sus pies descalzos se encaramaban a la barra baja del taburete mientras que las rodillas seguras sujetaban una especie de pequeño yembe de sonidos armoniosos que arrancaban sus rítmicas manos. Antes de acomodarse, Lídia Pujol apareció etérea, como una imagen irreal, casi borrosa, para ir construyendo otra realidad paralela, mágica, la suya, durante el concierto que tuvo lugar la noche del sábado en el Castillo de Santa Catalina.

Ante un reducido público -pero interesado, al principio y satisfecho, al final- la intérprete catalana se dedicó a desgranar los temas de su primer compacto Iaie, acompañada de dos grandes músicos que la ayudaron a transportar al auditorio a un mundo entre nieblas donde nada es lo que parece. Daniel Espasa, al piano y más tarde con el acordeón, fundió sus melodías con todo aquello que ofrecía Xavi Lozano: chirimías, pito de nariz, fiscornio y una serie de efectos sonoros que invadieron la fortificación gaditana de pájaros, viento -aunque Eolo solito ya se había encargado de ese particular- respiraciones profundas, lluvia, arboledas, vida, mucha vida.

Aunque el concierto se retrasara media hora debido al tráfico que sometió a la ciudad el sábado entre ferias, procesiones y veraneo de rigor, en cuanto Pujol salió al escenario, envuelta en aire, la conexión con el auditorio fue rápida e instantánea. Mucho ayudaron las explicaciones que la cantante narraba con voz narcotizante para introducir cada uno de los temas que se alternaban entre el español, francés, catalán e incluso galeico.

Pronto el corte que da nombre a su disco se hizo cuerpo en la voz de Lídia. "Girad, girad niñas alrededor de las fábricas, pronto estaréis dentro de ellas". Esta vez en francés la cantante nos advertía y alertaba sobre los peligros de la vida. Mientras, la música rebosaba naturaleza, brotaba entre los instrumentos desparramados por el escenario que Lozano rescataba del olvido y que Espasa sostenía con la sonoridad base del piano para, en transiciones, deshacerse en florituras.

Entre sus temas -todos ellos con una gran carga sentimental y valentía en la letra- Pujol insertaba textos de García Lorca e historias de Jacques Prévert en las que su voz inmensamente más férrea que su frágil apariencia se tornaba dulce o contundente según la batuta musical. Su capacidad interpretativa fue sublime. Sus manos casi acarician el aire.

El efectismo creado por Pujol y Lozano llegó a uno de sus momentos cumbres en La canción más corta: "El pájaro que me canta en la cabeza y me repite que yo te quiero. Y me repite que tú me quieres. El pájaro del solo sin fin. Lo mataré mañana por la mañana", cantó la catalana la última frase del texto de Prévert mientras se retorcía el cuello amagando la acción acompañada de un sonido seco, un crujido creado con un instrumento escondido que causó el sobresalto del público.

Woman of Ireland la dejó sola con Espasa y su piano de cola, un tema que dedicó a todas las mujeres de Cádiz y que fonema a fonema aprendió en un centro galeico en Irlanda fascinada anteriormente por la belleza de la melodía que en España era huérfana de letra. La crudeza de Chanson dans le sang, abrió paso al sentimiento andaluz de Pujol -cuyo padre es malagueño: "Ángel, Angelín López", decía con gracia la cantante- con un pequeño fragmento de Bodas de sangre , exactamente Como una estrella. Tras la solemnidad de la hermosa canción interpretada en el más bello andaluz, la alegría apareció de repente con un cuento gitano-húngaro La nena del riu Moldava justo antes de culminar su actuación con un tema del grupo irlandés Nightnoise.

"Con lo que hemos tardado en empezar me he dicho chica no los hagas esperar más". Tras los aplausos y casi enlazados llegaron los bises. Y más aplausos cuando la voz de Lídia -si cabe más hermosa, más sentida, más punzante- hilvanaba "Por la blanda arena que tiñe el mar..." La historia de Alfonsina y el mar rompía el silencio del castillo junto a La Caleta. Inmejorable marco ¿verdad? Iaie , de nuevo, para cerrar la actuación. Acabó la música y sin ella volvimos a la realidad.



 
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