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Que el Tratado de Libre Comercio con América Central
y República Dominicana entre en vigencia con la firma del presidente
George Bush, ¿significa algo para el resto del hemisferio?
George Bush comienza sus vacaciones tras la firma del CAFTA.
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Antes de tomar sus vacaciones de verano rumbo a su
rancho de Texas, el presidente George Bush firmó este martes la ley que
crea el CAFTA, aprobada la semana pasada por tan sólo dos votos de
diferencia en la Cámara de Representantes del Congreso.
Con la firma presidencial, en enero de 2006 entrará
parcialmente en vigencia el acuerdo que fue terminado de negociar hace
un año entre EE.UU., Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, El Salvador,
Honduras y República Dominicana.
Parcialmente porque sólo regirá entre EE.UU. y las otras
naciones cuyos congresos lo han aprobado: El Salvador, Guatemala y
Honduras.
Quedan pendientes votaciones en Costa Rica, donde el
CAFTA tiene una activa oposición entre grandes sectores, y en
Nicaragua, donde el tema ha sido "rehén" de la política doméstica y
sobre todo de las negociaciones sobre el futuro del apresado ex
presidente Arnoldo Alemán.
Puerta Abierta
Mucho se ha escrito sobre las repercusiones económicas y
políticas -favorables o perversas, según sea el punto de vista- que
tendría el acuerdo en la región. Pero ¿qué significa para el resto de
América Latina?
Por lo pronto, un efecto "demostrativo", aseguró a BBC
Mundo Armand Peshard, analista del Programa de las Américas del Centro
de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington.
"Abre la posibilidad para que haya avances en la
política comercial del presidente Bush en su política hacia el resto
del hemisferio" dijo Peshard.
"Si no hubieran sacado el CAFTA se hubiera puesto fin a
una política comercial hacia el hemisferio, porque obviamente se
demostraría que en el mismo Congreso no hay viabilidad ni interés en
avanzar esa política".
ALCA en pedazos
El libre comercio es presentado por la Casa Blanca como
la "solución" para los problemas de crecimiento económico y estabilidad
política en naciones menos desarrolladas.
El Mercosur no quiere firmar por ahora un acuerdo comercial con EE.UU..
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Sin embargo, "los mercados libres no son una respuesta a
los problemas de desigualdad" dijo este lunes en una conferencia en
Panamá, el jefe de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL,
José Luís Machinea.
Cuando Washington se percató de que su propuesta de
crear una zona de libre comercio continental perdía el impulso con el
que parecía contar cuando fue lanzada en 1994, optó por "fragmentar" la
estrategia y crear pequeños bloques comerciales.
Así firmó un acuerdo con Chile, ahora el CAFTA y negocia con las naciones andinas: Colombia, Perú, Ecuador, Perú y Bolivia.
Sin embargo esa estrategia no tendrá el alcance que buscaban los proponentes del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas.
Resistencia comercial
Aunque la aprobación del CAFTA sea vista como una
victoria en la política comercial del presidente Bush, nadie es tan
optimista -o pesimista- como para pensar que el ALCA está más cerca de
concretarse que una semana atrás.
El bloque del Mercosur, encabezado por Brasil -la
principal economía de la región- y Argentina -la tercera en importancia
del continente-, no está dispuesto a integrarse por ahora con los
estadounidenses.
Venezuela no tiene interés en firmar acuerdos con EE.UU. y promueve el ALBA.
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Otro de los países económicamente más importantes, Venezuela, está totalmente negado a considerar el libre comercio con EE.UU.
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El presidente Hugo Chávez ha incluso lanzado el ALBA,
Alternativa Bolivariana para las Américas, propuesta que hasta ahora
sólo ha firmado Cuba.
Temas como los subsidios comerciales por parte
estadounidense o el refuerzo de las leyes de protección de derechos
intelectuales del lado latinoamericano impiden cualquier avance.
Frente interno
Pero no es sólo la resistencia de los potenciales socios lo que complica las perspectivas del comercio continental.
La experiencia del CAFTA demostró cuán difícil es convencer a muchos estadounidenses de las bondades de este tipo de acuerdos.
Dentro de EE.UU., el CAFTA fue rechazado por sindicatos,
que criticaban las leyes laborales centroamericanas; la industria
textil, que teme una inundación de productos centroamericanos; y
algunos grupos agroindustriales como el sector azucarero.
En EE.UU. el sector azucarero cree que el CAFTA lo perjudicará.
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"Siempre va a haber complicaciones, hay quienes piensan
que el libre comercio no ha sido positivo", le dijo a BBC Mundo Armand
Peshard del CSIS.
Para derrotar al CAFTA, sus detractores apelaban al
recuerdo del NAFTA, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte,
con México y Canadá, y que, según ellos, significó la pérdida de
millones de empleos, el cierre de empresas y el aumento del déficit
comercial.
El CAFTA es una acuerdo más modesto. Según cifras de la
Comisión de Comercio Internacional de EE.UU., una agencia federal que
analiza el impacto del intercambio comercial en la economía del país,
el CAFTA generará una ganancia de sólo 0,01% para la producción
estadounidense.
Por eso muchos analistas piensan que de prosperar
negociaciones con otros países latinoamericanos, superar las barreras
internas sería más difícil.
Al tratarse de economías más complejas, presentarían más
desafíos a ciertos sectores industriales o agrícolas en EE.UU., por lo
que sería lógico esperar una resistencia mayor.
"El hecho es que el CAFTA ganó, pero este método puede
no funcionar en el futuro", aseguró Mac Destler, profesor de política
públicas de la Universidad de Maryland.
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