Con los atentados de Londres pocos se han acordado
de la tragedia que ha dejado el huracán Dennis a su paso por el Caribe.
Sólo en Cuba ha dejado 16 muertos y pérdidas valoradas en 1400 millones de dólares.
Fidel Castro,
que es un dictador, en un alarde de chulería anticapitalista ha
rechazado cualquier ayuda humanitaria que proceda de EE.UU y la Unión
Europea. La paranoia del Comandante crece conforme a su edad: la culpa
nunca es de él y de su régimen, sino de los demás, de las democracias
occidentales. Reconozco que el embargo estadounidense está minando, aún
más, las condiciones de vida de los cubanos, pero entiendo -y apoyo-
que impongan sanciones a un país que ejecuta o encarcela a disidentes
simplemente porque piensan diferente.
Dicho esto, me parece ridícula la ayuda de 50.000
dólares que ofrece la Sección de Intereses de EEUU en La Habana. En
este aspecto estoy de acuerdo con Castro: parece que se quieran reír
del pueblo cubano. La moraleja de todo esto es bien simple: la
arrogancia, venga de donde venga, siempre es mala compañera.
Por si alguien sospecha, que quede bien claro: no apoyo, en ningún
caso, el régimen comunista de Fidel Castro. Es una dictadura que ya ha
superado en el tiempo a la de Franco. Pero tampoco apoyo la política
anticastrista del gobierno de los EE.UU. No se puede ahogar a una
población inocente con embargos con poco sentido, ellos no tienen la
culpa, ellos no son el enemigo.
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