El presidente Luiz Inácio Lula da Silva se
dijo "traicionado" por algunos de sus compañeros de militancia y pidió
disculpas a la población este viernes, ante el agravamiento del escándalo
de corrupción que amenaza a su gobierno y al Partido de los Trabajadores (PT).
"Estoy indignado por las revelaciones que aparecen cada día",
desnudando "prácticas inaceptables de las cuales nunca tuve conocimiento",
dijo Lula en un mensaje a la nación antes de iniciar una reunión
ministerial en Brasilia. "El PT tiene que pedir disculpas" y también el
gobierno, agregó, pero evitando asumir responsabilidades personales.
Para líderes opositores y para algunos integrantes del izquierdista PT,
la respuesta del mandatario fue "insuficiente" ante la gravedad de las
denuncias que paralizan a su gobierno y al Congreso legislativo desde junio.
El presidente del PT, Tarso Genro, admitió esa insuficiencia, pero
señaló que el de Lula fue el "primer pronunciamiento de una serie".
Genro habló con corresponsales extranjeros en Río de Janeiro, después
de reunirse con dirigentes partidarios locales para discutir la
"refundación" del PT.
La crisis se agravó el jueves, cuando Duda Mendonça, responsable de la
publicidad de las campañas electorales del PT desde 2001, confesó haber
recibido 15,5 millones de reales (6,5 millones de dólares) en pagos
ilegales, dos tercios de los cuales fueron depositados en una cuenta
bancaria en Bahamas, un paraíso fiscal caribeño.
La revelación fortalece las sospechas de que la campaña que dio el
triunfo electoral a Lula en 2002 contó con dinero ilegal y que el PT pudo
haber recibido recursos desde el exterior, un hecho que podría justificar
la disolución del partido, según las leyes brasileñas.
La oposición, que hasta hace poco buscaba contener el escándalo que
también la involucra y mantener a salvo la figura de Lula, anunció que un
"impeachment" (juicio político) al mandatario puede ser una alternativa
concreta para superar la crisis.
Persisten las dudas, por la gran popularidad del presidente, que
permite prever fuertes resistencias la proceso, y por la posibilidad de
turbulencias económicas.
No hay indicios suficientes de responsabilidad directa de Lula en los
hechos denunciados para justificar su inhabilitación, opinaron varios
juristas, coincidiendo con el presidente del PT.
Si se inicia el proceso para inhabilitar a Lula, el PT "movilizará su
base social para defender al presidente", anunció Genro. "Sería una
cobardía no hacerlo", se justificó, aunque reconoció que habría
dificultades para tal movilización, por la perplejidad y el enojo de los
activistas ante el escándalo y ante ciertas políticas adoptadas por el
gobierno.
La movilización depende de "acciones del gobierno que motiven a la
militancia", como un mayor combate a la corrupción y una reforma política
que elimine las causas de la "financiación paralela" e ilegal de las
campañas electorales, explicó.
En su opinión, no es Lula sino el PT el blanco principal de la
oposición, que aprovecha "legítimamente" la crisis. "Quieren destruir al PT
más que deponer al presidente", dijo Genro, aunque sería "una brutalidad"
proscribir a un partido que contribuyó tanto al proceso democrático
brasileño, añadió.
No se reclama la extinción de la Iglesia Católica a causa de algunos
sacerdotes pedófilos, argumentó.
Con todo, el dirigente reconoció que se vivía un momento "muy grave".
Las denuncias y testimonios en las comisiones parlamentarias de
investigación, además de la acción de la Policía Federal, revelaron "un
sistema más amplio y complejo de lo que se imaginaba" de financiación
ilegal de la actividad política con extensiones internacionales, señaló.
Todo comenzó en mayo con denuncias sobre corrupción en la estatal
Empresa Brasileña de Correos y Telégrafos, que indicaban como cabecilla al
presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB son sus siglas en inglés),
diputado Roberto Jefferson.
Jefferson, cuyo partido formaba parte de la alianza oficialista,
reaccionó denunciando en la prensa el 6 de junio que el PT había sobornado
a diputados de los partidos Liberal (PL) y Progresista (PP), con "mesadas"
pagadas desde 2003 hasta comienzos de 2005, con el fin de asegurarse su
apoyo al gobierno.
Si se confirman esas acusaciones, el gobierno del PT habría construido
su mayoría parlamentaria a través de la corrupción, comprando votos de los
conservadores PL, PP y PTB. Por lo tanto, decisiones importantes de los dos
últimos años, como la reforma de la previsión social, serían ilegítimas.
Una avalancha de denuncias fortaleció la delación de Jefferson,
político de escasa credibilidad por desarrollar una carrera calificada de
"fisiológica", dada su sempiterna adicción a los distintos gobiernos por
las ventajas que ofrece poder.
Las ilegalidades cometidas por el PT, que provocaron la renuncia de
varios de sus principales dirigentes y ministros, se debieron, según Genro,
a la "simbiosis" con el gobierno, a políticas de alianza "excesivamente
pragmáticas" y a los débiles mecanismos de control interno que permitieron
abusos de poder y la "autonomización" de algunas figuras.
Genro fue nombrado presidente del PT en julio, luego de la renuncia de
José Genoino, con la difícil misión de asegurar la supervivencia del
partido y reconstruirlo. La crisis acentuó las disputas internas que
desembocarán en la elección del nuevo directorio nacional, previamente
fijada para el 18 de septiembre.
Por primera vez, la elección se hará por voto directo de más de 800.000
militantes del PT. El proceso enfrenta la dificultad adicional del colapso
financiero del partido, que acumula deudas de las últimas campañas
electorales, parte de las cuales no fueron declaradas, por haber sido
asumidas informalmente por la dirección ejecutiva renunciante.
Veinte diputados y cuatro senadores del partido anunciaron el jueves,
luego de las revelaciones del publicista Mendonça, que ya no seguían las
posiciones del PT, y pasaban a componer un grupo independiente a favor de
cambios profundos, principalmente en las alianzas partidarias y en la
política económica.
Pese a las amenazas de fractura, Genro no cree que el PT se fragmentará..
Los disidentes, que hacen parte de las corrientes más izquierdistas del
partido, deberán adherir a agrupaciones de extrema izquierda ya existentes,
como Socialismo y Libertad y Partido Socialista de los Trabajadores
Unificado, opinó.
Lula, por su parte, sufre una lenta corrosión de su popularidad. Una
encuesta divulgada este viernes por el diario Folha de Sao Paulo, apunta
que la evaluación positiva de su gobierno cayó a 31 por ciento, contra 35
por ciento a fines de mayo, y la negativa pasó de 18 a 26 por ciento.
Por primera vez, una encuesta arroja un potencial resultado negativo
para las pretensiones de reelección de Lula en 2006. Según la consulta, el
presidente perdería en segunda vuelta frente al alcalde de Sao Paulo, José
Serra, a quien había derrotado en los comicios de octubre de 2002. De los
entrevistados, 48 por ciento prefirieron votar a Serra en segunda vuelta, y
sólo 39 por ciento a Lula.
|