|
Posibilidades maquiavélicas |
|
|
Los conceptos de software libre y opinión pública parece que están más
cerca de lo que uno se podía imaginar. Expertos de esta alternativa
informática están dando cuerpo a la idea de crear un movimiento, no
sabemos ya si tecnológico o humanístico, con el que enfrentarse al
Estado.
Varios
entendidos de ciertas empresas más que conocidas en el sector TI
sostienen que multinacionales y gobiernos han constituido un frente
común que atenta a los derechos fundamentales del ciudadano, basándose
en un supuesto control acérrimo que día a día se incrementa. Polémica
abierta en mantel, que se dice, y de difícil conclusión.
La
aseveración se ha iniciado con el tan llevado y traído registro de
datos al que todo vecino de a pie se ve obligado aunque sólo sea en
términos burocráticos o administrativos. Pero la cuestión no es tan
simple.
La firma de documentos civiles y no tan civiles podría
convertirse, según estas fuentes, en un detrimento de la libertad de la
que actualmente gozamos. Es decir, los controles digitales existentes
podrían restringir la creación de programas informáticos y con ello,
limitar el empleo de los ordenadores y el buen hacer, en su caso, del
usuario. Es más, la identidad del consumidor quedaría complemente
vulnerable a tenor de dichos entendidos.
Como en las mejores
lecturas de ciencia ficción, los PCs más corrientes se encontrarían al
mando de la firma en la que operamos con los consiguientes y suculentos
beneficios empresariales.
Con todo, y sin querer incidir en si
tamaña perspectiva proporciona el poder absoluto a quien nos da de
comer, sí es cierto que deja un amplio espacio mental para detenerse a
reflexionar y, de paso, determinar quién maneja los hilos corporativos
y los más variados entretenimientos digitales: el Estado, nuestro jefe
directo o la compañía rival? Peliaguda la respuesta ante un sinfín de
posibilidades maquiavélicas.
|