Pese a su rivalidad política y
económica, Japón y China han decidido hacer causa común para elaborar
las futuras tecnologías de telefonía móvil e imponer normas mundiales
que les garanticen un avance y un mercado gigantescos.
Representantes de los gobiernos de Pekín y
Tokio firmarán el viernes un acuerdo para elaborar tecnologías de
telecomunicación móvil de cuarta generación (4G), precisó este
miércoles un portavoz del ministerio del Interior y de las
Comunicaciones (MIC) del país nipón.
Los dos gigantes, que se vienen enfrentado
desde hace meses en cuestiones estratégicas, políticas y energéticas, y
que luchan en una guerra de precios en productos de alta tecnología,
esta vez han olvidado sus diferencias para un asunto crucial a largo
plazo.
Al no haber sabido imponer su tecnología
de telefónos móviles de segunda generación, PDC, frente al GSM europeo,
las industrias niponas no pudieron aprovechar un mercado planetario de
varios miles de millones de individuos.
Frente a esta situación, "el Gobierno
japonés ha tomado conciencia en los últimos años de la necesidad de
reforzar el peso del archipiélago en los organismos mundiales de
definición y adopción de las normas", explicaba recientemente un
funcionario del MIC.
Este imperativo es más fuerte en las
nuevas tecnologías de la información y de la comunicación, ya que las
fronteras son amplias y el futuro está garantizado.
La normalización mundial es un componente
esencial que reduce los costes de desarrollo, al mismo tiempo que
condiciona el futuro de una tecnología o un producto, así como la vida
de una o varias empresas.
Asociándose con China para la 4G, Japón
quiere darse un peso mundial que no tiene en solitario. Evita, además,
la confrontación con un gigante muy ambicioso en la que no tendría
garantías de salir victorioso.
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