Aquel teléfono móvil "ladrillo" pesaba casi un
kilogramo, ofrecía menos de media hora de duración de la batería por
cada recarga y se vendía nada menos que por 3.995 dólares (2.795 euros).
Pero en 1984, nadie se habría atrevido a decir que el aparato era
voluminoso o que su precio no estaba justificado por las ventajas que
ofrecía.
Ese año, muchos consumidores formaron fila para adquirir el primer
teléfono celular en cuanto saliera al mercado.
Evidentemente, tampoco Rudy Krolopp ve con desdén aquel aparato. Krolopp fue el jefe de diseño del Motorola DynaTAC 8000X.
El ingeniero jubilado, quien tiene actualmente 74 años, siente todavía
que se le eriza la piel cuando piensa en el DynaTAC. "Un puñado de
hombres hicimos algo que fue realmente importante", dice. El ladrillo
tardó más de una década en llegar al mercado.
Más de una dácada de investigación
Krolopp fue reclutado para el proyecto por Martin Cooper, quien dirigió las iniciativas de investigación y desarrollo de Motorola
en las tecnologías inalámbricas y fue considerado el padre del teléfono
móvil por Robert Galvin, entonces director general de la compañía.
Los nombres de Cooper y Krolopp figuran en la patente
original, junto con el de John Mitchell, ex jefe de la división de
comunicaciones de la empresa.
"Marty me citó en su oficina, un día de diciembre de 1972, y
me dijo: 'Tenemos que construir un teléfono celular portátil'",
recuerda Krolopp. "Yo le pregunté: '¿Qué diablos es un teléfono celular
portátil?'"
Seis semanas para cumplir un sueño
Había
poco tiempo para discutir. Krolopp y su equipo recibieron un plazo de
seis semanas para presentar un modelo que funcionara.
La urgencia se debía a que la Comisión Federal de
Comunicaciones (FCC por sus siglas en inglés) deliberaba sobre si
permitiría que AT&T instalara una red para suministrar el servicio
inalámbrico a los mercados locales. La compañía telefónica contemplaba
la posibilidad de fabricar aparatos sin cables, y Motorola no quería
quedarse atrás.
Tras la reunión con Cooper, Krolopp convocó a su equipo de
diseño y construyó un prototipo. "Un día lo presentamos ante los
ingenieros", dijo el ex directivo, quien recordó la sorpresa de todos
por ver lo pequeño que era el teléfono. "Sólo había ocho personas en la
habitación. Cooper dijo: 'Si alguien no cree que esto pueda ser
fabricado, abandone la sala'".
Nadie lo hizo, pero debieron transcurrir otros 10 años y fue
necesaria una inversión de 100 millones de dólares en desarrollo para
que el teléfono fuera presentado oficialmente en 1983. El retraso
obedeció principalmente a la necesidad de construir torres de
transmisión e infraestructura celular.
De un kilo a 93 gramos
Krolopp dice que el nuevo modelo Razr
de Motorola es más avanzado que cualquier aparato anterior, pero
representa apenas "la punta del iceberg" de lo que podrán hacer los
diseñadores de teléfonos.
"¡Vaya si nos hubiera gustado fabricar algo así en aquel
entonces!", dijo Krolopp sobre el Razr, un teléfono de 13 milímetros de
espesor, que pesa apenas 93 gramos. "Teníamos la capacidad de
diseñarlo, pero no de construirlo. No podíamos obtener baterías ni
antenas tan pequeñas, ni podíamos lograr que los teclados funcionaran
así". "La tecnología ha evolucionado mucho", sentenció.
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