Telefónica no sólo ha denunciado al Gobierno
italiano en Bruselas; también lo ha hecho ante los tribunales del país.
Y la batalla está lista para el desenlace. Hoy se abre la audiencia
resolutiva que decidirá sobre las tres denuncias presentadas por la
española. En juego están 3.270 millones.
La audiencia resolutiva es la primera y última instancia judicial en
el pleito presentado por Telefónica Móviles contra Italia y de ella
debe salir necesariamente una decisión. A partir de ahí, a cualquiera
de los perdedores se les complica el proceso, porque sólo se puede
apelar al Consejo de Estado, un órgano para casos especiales fuera ya
de la vía judicial.
Por todo ello, el departamento jurídico de Telefónica y de sus
socios en Ipse -la filial italiana ganadora de una licencia de UMTS- se
ha cargado de argumentos y ha presentado toda una batería de denuncias.
Ya se conocía la existencia de una demanda en la que se requiere al
Gobierno la devolución de 826 millones de euros pagados por cinco
megahercios de espectro adicional que Telefónica tuvo que abonar cuando
ya había congelado sus operaciones en el UMTS europeo. Pero es que hay
dos pleitos más.
A través de Ipse, la operadora española también ha denunciado el
reparto gratuito de frecuencias en tecnología GSM que se hizo a otras
telefónicas después de que ella pagara sumas millonarias por el
espectro en UMTS. A su juicio, este regalo reduce el valor de las
frecuencias y sirve como argumento para convencer al juez de que es
lícito pedir la devolución de los importes.
Más rotunda aún es la tercera demanda, en la que Telefónica pone en
cuestión el valor total de la licencia. La española y sus socios
pagaron a finales de 2000 unos 2.443 millones por 15 megahercios de
espectro, a los que en 2003 se unieron 826 millones por otros 5
megahercios. Ahora, la nueva ley italiana de telecomunicaciones, que
transpone los mandatos de Bruselas en este campo, establece un precio
por cada bloque de cinco megahercios de 7,2 millones al año y, según la
argumentación de los jurídicos de Telefónica, lo hace para todas las
licencias -presentes, pasadas y futuras-, así que tiene validez también
para la suya.
Según esta interpretación, por tanto, Telefónica Móviles tendría que
haber pagado al Gobierno italiano por sus frecuencias 64,8 millones
desde 2000 hasta la fecha y no los 3.270 millones desembolsado s.
Todo ello está desde hoy en manos de los jueces, que tendrán la
última palabra en el polémico proceso. Está claro, sin embargo, que
Telefónica tiene enfrente a un formidable rival: el Gobierno del país.
Un conflicto enquistado por cambios de rumbo
La relación entre Italia y Telefónica no puede sino
calificarse de tempestuosa. Pero esta afirmación sólo es verdad en este
momento, porque en el pasado ha habido todo tipo de sentimientos. De
hecho, Italia es uno de los países que más ha abierto la mano con la
posibilidad de que las ganadoras de licencias UMTS renunciaran a operar
y se limitaran a vender o negociar con el espectro. Nada más aprobarse
esta posibilidad, Italia permitió a Telefónica acogerse a ella, pero
luego cambió de opinión y decidió exigir las condiciones de despliegue
y cobertura planteadas en la subasta. Esta petición pone a la compañía
en el disparadero, puesto que no ha hecho inversión alguna en este
campo. También ha habido vaivenes con la venta de la licencia a
terceros. Con ayuda del Gobierno estuvo a punto de cerrarse hace unos
meses. Problemas fiscales lo impidieron.
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