Bankinter, Bancaja y Caixa Galicia han desarrollado
este sistema que funciona por mensajes de texto y emite hasta 600 euros
a cualquiera de sus 3.000 cajeros
Que Julio telefonee a su madre, Elisa, a
las tres de la madrugada y a sesenta kilómetros de distancia, para
asegurarle que no puede regresar a casa porque salió sin su tarjeta de
crédito y no lleva dinero en efectivo es algo que ya no «cuela» con el
sistema «Hal Cash», sobre todo si Elisa es cliente de Bankinter,
Bancaja o Caixa Galicia. Al instante, Elisa bajará a su cajero habitual
o pinchará en la web de una de las tres entidades bancarias en la
operación «Hal Cash» y su «despistado» hijo tendrá hasta 600 euros en
mano, que retirará de su cajero más próximo (inicialmente, y hasta que
el servicio se consolide, el cajero también debe pertenecer a una de
las entidades reseñadas, unos 3.000 en total). Eso sí, a Julio le
quedaría todavía un as en la manga: haber olvidado también el móvil.
En
tal caso, el innovador servicio que acaban de estrenar las tres cajas
españolas, con cobertura en las 50 provincias del país y con una cuota
actual del 6 por ciento del mercado financiero estatal, no funcionaría,
al precisar de dos herramientas ya imprescindibles en nuestro tiempo:
el teléfono móvil y los cajeros automáticos. Como detalla José Valiño,
director general adjunto de Caixa Galicia, que ambos sean las
tecnologías más utilizadas en España es el «principio fundador» de «Hal
Cash», pues con una profusión de más de 37 millones de móviles y la
segunda mayor densidad de cajeros automáticos del mundo (a la estela de
Japón), ¿quién puede resistirse a hacer uso del nuevo servicio?
¿Cómo
funciona realmente el que mentan desde Bancaja como «servicio
instantáneo de envío de dinero en efectivo»? Rimbombante término,
quizás, pero según matizan en esta entidad financiera,
«extraordinariamente sencillo». Y así lo demuestran «in situ».
Volvamos
a nuestros protagonistas: Elisa teclea en su habitual cajero de Bancaja
la opción «Hal Cash». Da el número de su móvil, el importe que desea
hacer llegar a su vástago y el número de móvil que sí porta su hijo.
Añade, y en esto reside la confidencialidad absoluta del servicio, una
clave personal de cuatro dígitos: 1234, pongamos por caso. El sistema
registra la clave y notifica, con el primer SMS a Julia, la
confirmación de la operación.
Por sí solo, el servicio envía un
nuevo SMS al destinatario -Julio- que recibe, en este caso, una clave
que genera automáticamente el sistema (ahora sería, por ejemplo, la
5678). ¿Qué necesita ahora Julio para tener dinero en mano? Primero,
que su madre le llame y le diga verbalmente (otro punto de
confidencialidad) qué clave personal introdujo (1234) y cuál es el
importe con el que ha decidido «obsequiarle»; segundo, el SMS que
recibió del sistema con la segunda clave (5678) y su propio número de
móvil (que esperemos recuerde). Tres datos y hasta 600 euros salen por
la ranura del cajero en el que se encuentra. Él no necesita ser cliente
de ningún banco ni tener fondos. Su madre recibe entonces el último
mensaje de texto que genera «Hal Cash» y que atestigua que Julio, mal
que le pese, está en disposición de coger el autobús o un taxi.
Cuatro cauces y un destino
Disponible
las 24 horas del día, Elisa podría haber optado por cuatro cauces
diferentes para hacer efectiva esta transferencia tradicional, aunque
sin la ordinaria demora de unos días: por el servicio de banca
electrónica, en una sucursal con la libreta de la caja, en el «link»
habilitado en las web o, como hizo en este caso, con su tarjeta en un
cajero. El servicio será gratuito hasta el próximo mes de septiembre,
cuando según el canal utilizado costará entre 1 y 2 euros.
Tan
útil ha debido parecerles la iniciativa a las madres de todo el mundo
(y a los particulares para pagar sus alquileres o para no extender un
cheque al fontanero; al fontanero para que no dude de si el cheque
tendrá fondos...) que «Hal Cash» podría implementarse, en breve, en
bancos de diez países lationamericanos, y en cajas de Marruecos,
Turquía, Irlanda, Italia y China. Dinero sin fronteras.
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